lunes, agosto 20, 2007
Cuento corto o capitulo 1
El aún estaba algo excitado y a mí se me estaban quitando las ganas. Hacía frío esa noche y recién lo estaba sintiendo. Mis senos descubiertos eran el blanco de su mirada y a pesar que me hablaba de amor yo solo quería eso. No lo culpaba, era yo quien lo había buscado. Era esta necesidad de algo, que no podía evitar ni esconder.
-¿No me vas a decir nada?- me preguntó.
El tonto quería que le responda. ja! como si realmente fuese a quererlo o peor aun decirle que lo quería.
- Ya sabes que no me gustan los romanticismos en la cama Javi. Pásame mi blusa. Además ya sabes que no puedo tener una relación seria, siempre termino mal y luego todo se me viene abajo. Intenta no quererme, no vale la pena.
Se quedó callado. Odiaba cuando eso pasaba porque luego estaba ese silencio incómodo. Ese espacio de tiempo donde parece que hubiera una bomba de palabras sobre tu mente pero ninguna en tu oído porque nadie dice nada. Javier de mierda porque no solo puedes tirar conmigo y ya! Eres el que mejor tira y el que más problemas me hace. Mierda.
- Javi, lo siento- le dije con una voz disimuladamente fingida. Abrázame si? Me estoy congelando.
Javi me abrazó y no dijo nada. Aveces era muy dura con él pero qué podía hacer. No quería que se enamore de mí. No sé, es muy niño, se enamora fácil y ya sabe que no va a pasar más que esto. No creo que lo utilizo. Creo que lo protejo, porque en el fondo sí lo quiero, no me merece, eso es obvio. Ojalá despues tiremos otra vez, hace mucho frío acá.
lunes, junio 11, 2007
silencio romero
miércoles, abril 25, 2007
sueños
En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
Borges.
Me acusaban de romántico y expulsado de toda maldad solía esconderme en las copas de los árboles que te circundan ahora. Solía huir de ti porque mi voz se apagaba y tan solo desparecía ante tu mirada perdida. Detrás de mí la luna era mi fiel seguidora como si fuese esa su misión interminable. La noche no acababa mientras te desvestías y tu piel no escondía su belleza ante mí. Se me hizo costumbre el ocultar mi rostro con mis dedos quienes se abrían para no verte y para verte también. Tus pasos ingrávidos, que se parecían a los míos, viajaban hacia la cama después de apagar las velas.
Yo estaba allí, presenciando tu dormir tranquilo. Tus cabellos largos y rojizos acariciaban la almohada blanca que protegía tus sueños. Testigo blanco de tu aroma a naturaleza, yo a tu costado, los velaba pacientemente, como si estuviera hecho de humo, de incienso, subiendo sin alas , sin droga. Me entristecía verte dormir con gestos de nostalgia y despertar con el rostro húmedo de sudor y un leve llanto nocturno.
Una de aquellas noches de insomnio mío, vigilándote, nació en mí la mejor idea creada por mi mente desde hacía mucho tiempo. No era de auqellas que buscaban retorcerse en locuras o que simplemente eran imposibles desde un comienzo. Yo tan solo decidí intervenir en tus sueños, en el mundo irreal que habitabas de noche, constante y desafiando al espacio oscuro y perplejo que suele ser y tan ensimismado tuve que empaparme de imaginación.
Tal vez nunca terminé de sorprenderme de ti y me enamoré de tus deseos, lugares que tu habitabas sin miedo alguno, que tu creabas insaciable de imaginación, que yo desconocía. Aquella noche me atreví conocerte en tus sueños, toqué tu brazo y me puse a soñar contigo.
Te reconocí tan pronto que mi alma, mi ser, aún no se daba cuenta de lo que sucedía. Soñabas, esa vez, un inmenso jardín de flores y sin embargo, la escena tan bella no ocultaba tu llanto silencioso. Temí acercarme y sentí que algo extraño había sucedido conmigo: mi apariencia había cambiado. Me veía diferente, como alguien que tu estabas imaginando pero que yo estaba interpretando. Entonces te conocí como era. Me contaste que me estabas esperando. Esa noche no supe que responderte. Estábamos en el medio de un bello jardín y tenía la oportunidad de hablar contigo y no lo hice, tan solo me quede callado y, sin saber cómo, desperté.
Despertaste tu también, enojada e iracunda. Mencionaste muchísimas frases que ahora me es difícil recordar. Pero me di cuenta que en realidad me estabas esperando en tus sueños, me parecía algo muy ilógico pero decidí seguirte el juego. Pero no esa noche pues ya no quisiste dormir.
Los días siguientes nos conocimos en tu mundo imaginario. Me agrado ser lo que soñabas. Fuimos niños, adultos y ancianos, fuiste un hada, te convertiste en bruja, en manzana, en sirena, en abogada del diablo y en los lugares más remotos y escondidos del universo jugaste a darme una razón. Soñaste todo y nada, tu mente tan bella solo sabía crear. Te enamoraste de mi de una manera dulce, digna de un cuento de hadas y en tus sueños fuimos un solo ser por única vez.
La ultima noche decidí hacerte saber quien era yo realmente, que ya te conocía desde antes que era un fantasma que te acompañaba en tu casa y que me había enamorado de ti. Tal vez no debí decírtelo pues lloraste mucho otra vez en el jardín de flores donde comenzamos. Te explique que era un fantasma y que estabas soñando. Tu me corregiste diciéndome que el que soñaba era yo y que cuando despertabas eras donde empezabas a soñar. Nunca pude comprenderte aquella vez pero supe que era la despedida. No regrese a ningún sueño tuyo pues ya no despertaste. Seguramente tenías razón y yo aun siga siendo un sueño tuyo, tal vez estés imaginando en tu mundo, al que yo llamaba irreal, que me habías conocido como un fantasma y que me habías expulsado de tu realidad algo acabada. Tal vez en verdad no estás muerta sino que sueñas todo esto. Prefiero que sea así, ojalá sea un sueño y aún me dejes volver.
Debo decir que tu familia lloró mucho tu partida ahora yo estoy ante los árboles que te circundan del bello campo donde reposas. Pero yo aun sé que sigues soñando.