miércoles, enero 28, 2009

despedida

Anoche llegué a tu casa y te besé, mi mano derecha te acariciaba la cabeza de manera cursi. Mientras te daba la gelatina de fresa en la boca te contaba cómo me fue durante la noche. El doctor Álvarez se me insinuó, ¿puedes creerlo? Es decir, tú sabes que él está muy bueno, no sé si llegaste a conocerlo, pero nada que ver, no sé cómo negarme de nuevo si lo vuelve a intentar. Tuve que atender dos emergencias terribles, un niño de cinco años perdió su mano, tuve que atender eso entre lágrimas, no aprendí a ser insensible como mi madre.

Hoy me pesé, ya subí, comer galletas me ha ayudado y las vitaminas que me dio tu madre también han dado buenos resultados, aunque no tengo las ganas de comer que tenía antes. Tú sabes cómo era eso, tenías que esconder la comida. Extraño que hagas eso. Pero tengo que subir mi peso, ya me cansé que Javier me siga diciendo anoréxica y que tus tías me miren mal, creo que sospechan que yo tuve la culpa de todo.

Pero no saben nada de lo nuestro. Bueno, lo que queda de ello. Quiero hablarte de algo. Javier me ha dicho para ser novios y he decidido aceptar. Tú sabes que Javier es muy bueno y sé que si me comprendes en realidad, lo aceptarás. No te conté pero hace una semana, después del cumpleaños de Manuel, terminamos algo ebrios y dormimos juntos. Extrañaba sentir lo que es despertar al lado de alguien. Lo quiero. Quiere venir a verte pero le he dicho que no es buena idea, en tu casa ya sospechan varias cosas de mí y si no fuera porque soy la única persona que viene a visitarte no me dejarían entrar. Te llevaría a mi casa si pudiera, cómo me hubiese gustado haberme casado contigo, que fuera normal besarte, llorar tu ausencia.

Anteayer me probé las blusas que dejaste en mi casa, me quedan grandes, se me ve muy graciosa. No pude dejar de llorar y reír ese día de tan solo recordar mi imagen frente al espejo usando tu blusa rosada. Te extraño, es difícil pero tengo que dejarte de ver por un tiempo. he pedido tomarme las vacaciones que me deben desde el año pasado. Me siento dañada y quiero estar bien, al menos por un tiempo. He conseguido que una enfermera del hospital venga a verte a diario y me diga cómo estás. Ódiame si te sientes mejor así, pero no podrás evitar que regrese a ver cómo estás, hasta luego Lucía.