miércoles, abril 25, 2007

sueños


En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
Borges.



Me acusaban de romántico y expulsado de toda maldad solía esconderme en las copas de los árboles que te circundan ahora. Solía huir de ti porque mi voz se apagaba y tan solo desparecía ante tu mirada perdida. Detrás de mí la luna era mi fiel seguidora como si fuese esa su misión interminable. La noche no acababa mientras te desvestías y tu piel no escondía su belleza ante mí. Se me hizo costumbre el ocultar mi rostro con mis dedos quienes se abrían para no verte y para verte también. Tus pasos ingrávidos, que se parecían a los míos, viajaban hacia la cama después de apagar las velas.

Yo estaba allí, presenciando tu dormir tranquilo. Tus cabellos largos y rojizos acariciaban la almohada blanca que protegía tus sueños. Testigo blanco de tu aroma a naturaleza, yo a tu costado, los velaba pacientemente, como si estuviera hecho de humo, de incienso, subiendo sin alas , sin droga. Me entristecía verte dormir con gestos de nostalgia y despertar con el rostro húmedo de sudor y un leve llanto nocturno.

Una de aquellas noches de insomnio mío, vigilándote, nació en mí la mejor idea creada por mi mente desde hacía mucho tiempo. No era de auqellas que buscaban retorcerse en locuras o que simplemente eran imposibles desde un comienzo. Yo tan solo decidí intervenir en tus sueños, en el mundo irreal que habitabas de noche, constante y desafiando al espacio oscuro y perplejo que suele ser y tan ensimismado tuve que empaparme de imaginación.

Tal vez nunca terminé de sorprenderme de ti y me enamoré de tus deseos, lugares que tu habitabas sin miedo alguno, que tu creabas insaciable de imaginación, que yo desconocía. Aquella noche me atreví conocerte en tus sueños, toqué tu brazo y me puse a soñar contigo.

Te reconocí tan pronto que mi alma, mi ser, aún no se daba cuenta de lo que sucedía. Soñabas, esa vez, un inmenso jardín de flores y sin embargo, la escena tan bella no ocultaba tu llanto silencioso. Temí acercarme y sentí que algo extraño había sucedido conmigo: mi apariencia había cambiado. Me veía diferente, como alguien que tu estabas imaginando pero que yo estaba interpretando. Entonces te conocí como era. Me contaste que me estabas esperando. Esa noche no supe que responderte. Estábamos en el medio de un bello jardín y tenía la oportunidad de hablar contigo y no lo hice, tan solo me quede callado y, sin saber cómo, desperté.

Despertaste tu también, enojada e iracunda. Mencionaste muchísimas frases que ahora me es difícil recordar. Pero me di cuenta que en realidad me estabas esperando en tus sueños, me parecía algo muy ilógico pero decidí seguirte el juego. Pero no esa noche pues ya no quisiste dormir.

Los días siguientes nos conocimos en tu mundo imaginario. Me agrado ser lo que soñabas. Fuimos niños, adultos y ancianos, fuiste un hada, te convertiste en bruja, en manzana, en sirena, en abogada del diablo y en los lugares más remotos y escondidos del universo jugaste a darme una razón. Soñaste todo y nada, tu mente tan bella solo sabía crear. Te enamoraste de mi de una manera dulce, digna de un cuento de hadas y en tus sueños fuimos un solo ser por única vez.

La ultima noche decidí hacerte saber quien era yo realmente, que ya te conocía desde antes que era un fantasma que te acompañaba en tu casa y que me había enamorado de ti. Tal vez no debí decírtelo pues lloraste mucho otra vez en el jardín de flores donde comenzamos. Te explique que era un fantasma y que estabas soñando. Tu me corregiste diciéndome que el que soñaba era yo y que cuando despertabas eras donde empezabas a soñar. Nunca pude comprenderte aquella vez pero supe que era la despedida. No regrese a ningún sueño tuyo pues ya no despertaste. Seguramente tenías razón y yo aun siga siendo un sueño tuyo, tal vez estés imaginando en tu mundo, al que yo llamaba irreal, que me habías conocido como un fantasma y que me habías expulsado de tu realidad algo acabada. Tal vez en verdad no estás muerta sino que sueñas todo esto. Prefiero que sea así, ojalá sea un sueño y aún me dejes volver.

Debo decir que tu familia lloró mucho tu partida ahora yo estoy ante los árboles que te circundan del bello campo donde reposas. Pero yo aun sé que sigues soñando.