lunes, diciembre 25, 2006

solo una historia

Ella baila, sola.

Nunca estuve tan perdido por una chica.

Nunca.

Ella tenía 14 cuando la conocí y yo ya había cumplido los 16. Dejamos de vernos hasta cuando ella tenia 16 y yo ya habia cumplido los 18 que fui, de casualidad, a cambiar moneda por monedas a su tienda. Eramos jóvenes, lo sé. Pero siempre me comportaba como alguien mayor, aunque no sé si a los 20 o 21 ya se es alguien maduro.

Ella bailaba sola, y se vestía como niña. Sus diversas vinchas también me atrayeron mucho. Su gusto por el color rosado, casi siempre presente en su vestir, descuadraban mi mente quien, a pesar de que siempre buscaba alejarse de las niñerias y las tonterías de mocosas engreídas, tomó muy en cuenta estos detalles y se enamoró. Me tomó poco tiempo seducirla y hacer que me quiera, es que yo también la quería. Ella tenía 16 y yo 18 y a nuestra corta edad ya sabíamos querer. Le robé un beso, como se debe hacer cuando las historias de amor son reales, le robé el beso, o talvez ella se dejó robar.
Ella bailaba conmigo, y se divertía. Nos divertíamos mucho jugando, yo sientiéndome niño, sintiendo que recuperaba la ilusión de adolescente, que conocía el amor, que conocía la bella hadita que me rescataba de lo que había sido. Deje de contar las estrellas para contar sus lunares. Me volví romántico, dejé de contar los wiros de marihuana para contar los días que iría a verla. Había dejado las drogas y a las putas que no cobraban. Había dejado a mi enamorada o lo que quedaba de nuestra ya olvidada relación. Hicimos el amor por primera vez, solo ella por primera vez tuvo sexo. Lloramos de emoción, de sensibilidad, de dolor, porque éramos niños y amándonos jugabamos también a amar como los grandes.

Ella bailaba desnuda. Y yo también me desnudé para ella. Le confesé mi bisexualidad, me aceptó como tal. Fue mucho más divertido amarnos así. Paséabamos juntos y veíamos a los chicos guapos con igual emoción y no nos daba verguenza. Yo tenía celos de ella y ella celos de mí, pero igual bailábamos. Hacíamos el amor más seguido y su belleza fue madurando, dejó de lado las vinchas pero el rosado siempre quedó. Me di cuenta lo bello que solía combinarlo con el color negro, que era el color que dominaba en mis prendas de vestir, y es que éramos supersticiosos.

Ella ya tenia 17 y yo ya casi 19. Mi cumpleaños hicimos el amor toda la tarde. Salí de la universidad, discutimos pero nos fuimos a un hotel para emborracharnos y hacer el amor. Fue tan bella reconciliación y si hubiese sido solo sexo fue el mejor sexo que jamás he tenido. Pero no fue solo eso y me sentí feliz.

Ella bailaba y yo la empecé a mirar bailar. Nos distanciamos algo, fue mi culpa y también culpa de ella. Nos dejamos influenciar por las demás personas y nos dejamos arrastrar. ¡Eramos jóvenes! 17 y 19. Yo hacía mucho que ya no probaba droga alguna y me portaba bien. Apenas si saliamos a fiestas, quiza eso también nos desgastó un poco, pues la confianza no era mutua.

Dejamos de bailar juntos.

Ella bailaba y me sacó a bailar. Se quejó, que yo ya no era el de antes, que me habia apagado, que el romanticismo se había ido en mí, que la iba a perder. Nunca hubo otra niña, otra mujer en mi vida que significara tanto para mí que no fuera ella. Y eso que éramos jóvenes! Lloramos como muchas veces lo habíamos hecho antes. Hicimos el amor como muchas veces lo habíamos hecho antes. Era más que un año juntos, y tuve que cambiar y me gustó la amé tanto hasta que al parecer se apagó la música. Un día descubrí que me mintió, yo aún sigo esperando a que pongan otra pieza. Aún quiero bailar, ¡es que sómos tan jóvenes!


II

El baila solo. Ella también.

El cree que las cosas no son las mismas, que las circunstancias han cambiado, que las personas aumentaron y las canciones tienen diferentes ritmos. Día a día con un porro en la mano izquierda (se le dio por ser distinto) pensaba en todo. Ya casi ni baila, no como antes, no hay nada. No lo sé.

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